Damián terminó de ayudar a Adeline con los últimos detalles de su equipaje. Se movía con una eficiencia silenciosa, cerrando maletas y asegurando cierres con una calma que a ella, ahora, le resultaba inquietante. Al terminar, se sentaron juntos en el sofá frente al televisor, dejando que el sonido de algún programa sin importancia llenara el vacío mientras esperaban que diera la hora de la partida.De repente, el móvil de Damián vibró sobre la mesa de centro. Adeline no se movió, manteniendo la vista fija en la pantalla, pero por el rabillo del ojo acechó el dispositivo. Era un mensaje de Santiago."Ya está listo. Si quieres verlo antes de irnos, todavía estás a tiempo".Damián tomó el teléfono disimuladamente, pero Adeline ya había captado el nombre del remitente. Él se quedó mirando la pantalla unos segundos más de lo necesario, con la mandíbula apretada, antes de bloquear el móvil y guardarlo en su bolsillo.—Adeline —dijo, rompiendo el silencio. Ella lo miró, fingiendo sorpresa—.
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