El resplandor de la ciudad apareció en el horizonte como una herida abierta de luces neón y farolas amarillentas. Después de meses en la finca, donde la única luz era la de la luna o las lámparas tenues de la villa, el brillo de la civilización me resultó agresivo, casi doloroso. Me sentía expuesta bajo el resplandor de los rascacielos, como si cada cámara de seguridad y cada transeúnte pudiera ver la mancha de sangre invisible que ahora cargábamos con nosotros.
Damián conducía con una calma qu