—Quiero saber cuándo empezó todo esto.Damián arqueó una ceja, sorprendido. Yo me giré para mirarlo por completo, sin distracciones, sin apartar la vista de su rostro. Necesitaba su atención plena. Iba a continuar hablando, a precisar mi pregunta, cuando él tomó la palabra antes de que pudiera hacerlo.—¿Puedo contarte una historia?Bajé la mirada por un instante. Cuando volví a alzarla, vi su mano extendida frente a mí, abierta, paciente, como si no tuviera prisa por mi respuesta. Dudé apenas un segundo. Luego asentí.Puse mi mano sobre la suya. En cuanto lo hice, sus dedos se cerraron con firmeza alrededor de los míos. Me sostuvo de nuevo, con ese cuidado constante que ya le conocía, y comenzamos a caminar juntos hasta resguardarnos bajo la sombra de un árbol grande y antiguo, cuyas ramas parecían proteger todo lo que ocurría debajo.Nos sentamos allí. Damián apoyó la espalda contra el tronco, acomodándose con tranquilidad. Yo me recosté en el suelo, con cuidado, y dejé mi cabeza so
Leer más