Macarena guardó silencio unos segundos antes de responderle a Jeremías.—El día que salí de la iglesia —comenzó— tomé un taxi. Allí fue cuando conocí a Arquímedes. Él me llevó a la pensión… fue la única persona que me ayudó de verdad, sin pedir nada, sin esperar nada a cambio.No necesitó decir más. Sus palabras, aunque simples, iban directamente hacia él. Jeremías no respondió de inmediato. Bajó la mirada, respiró hondo. Había entendido el mensaje, claro que sí. No era solo una historia sobre Arquímedes; era una forma de decirle la verdad importaba y la confianza también.—No me perdonarás nunca por haberte ocultado quién era, ¿verdad? —dijo, sin mirarla del todo.Macarena alzó los ojos hacia él. —Estoy cansada. Cansada de que todos me miren como si fuera alguien a quien pueden usar y luego dejar de lado. —Hizo una breve pausa antes de continuar:— Lucas hizo lo mismo. Y tú también, en su momento.Jeremías apretó los labios, pero no la interrumpió.—Arquímedes, en cambio, ha sido la
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