El Valle gritó.No con sonido, sino con una presión insoportable que se filtró en los huesos, en la sangre, en los recuerdos más antiguos de quienes aún tenían un lugar en la historia. Las montañas parecieron inclinarse, no por miedo, sino por reconocimiento. El cielo, resquebrajado en hilos invisibles, dejó caer una luz enfermiza, como si el amanecer hubiera olvidado su propósito.Kael cayó de rodillas.No por derrota, no por herida visible, sino porque el fuego dentro de él se quebró en dos direcciones opuestas. Una lo empujaba a levantarse, a destruir, a cerrar la grieta con sangre si era necesario. La otra… la otra lo anclaba a algo más profundo, más humano, más peligroso.Ainge.El nombre ardía con una claridad insoportable.A su alrededor, la batalla se había transformado en una confusión de gritos, acero y sombras que no morían. Los Portadores avanzaban sin prisa, como si el tiempo no tuviera autoridad sobre ellos. Cada paso suyo dejaba el aire más frío, más denso, como si la r
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