El cielo no cayó de inmediato.
Primero fue un cambio casi imperceptible, una densidad nueva en el aire, como si el mundo hubiera contenido la respiración. Luego, las sombras comenzaron a estirarse en direcciones imposibles, deslizándose por la roca, por la corteza de los árboles, por la piel de quienes aún creían que el tiempo les pertenecía.
Kael alzó el puño y la columna de Skarn se detuvo.
El olor a ceniza no provenía de ningún fuego visible. Era más antiguo, más profundo. Un recuerdo del mu