El temblor no cesó cuando la entidad retiró su presión.
Eso fue lo primero que Ainge comprendió.
El Valle seguía vibrando, no con violencia, sino con una inquietud profunda, como un corazón que había despertado después de siglos de sueño y ahora no sabía si debía volver a latir o detenerse para siempre. El aire estaba cargado de electricidad arcana y de un calor irregular que no provenía del fuego de Skarn ni de la magia ordenada de Lirien, sino de algo intermedio, algo que no pertenecía a ning