La sala se quedó en silencio. Arriba, muy a lo lejos, se escuchaba el ruido de los niños jugando, pero entre ellos dos no había nada más que tensión. Ariadna se quedó mirándolo, todavía con las manos apoyadas en su pecho. Que él estuviera dispuesto a dejarla ir, a darle el divorcio y desaparecer con tal de que ella estuviera a salvo, le dolió más que cualquier otra mentira. En ese momento entendió que, a pesar de todos los secretos y el pasado tan oscuro que tenía, Dante la amaba de verdad, con una fuerza que daba miedo.Antes de que pudiera decirle algo, el teléfono de Dante vibró con fuerza.Los dos miraron la pantalla al mismo tiempo. Era un mensaje de un número oculto. Dante lo abrió y vio un mapa con un punto rojo parpadeando en la zona de los viejos muelles de Brooklyn, un lugar lleno de almacenes abandonados. Abajo del mapa, había un texto corto:«Tienes treinta minutos, hermano. Si veo un solo policía o a tus hombres cerca, la vieja deja de respirar. Ven solo. Quiero ver si to
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