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Ariadna se quedó un momento de pie en el recibidor, escuchando cómo el sonido de la camioneta de Dante se perdía por completo a lo lejos. La enorme casa se sintió de repente fría y demasiado vacía. Sentía un nudo horrible en la garganta y las manos no dejaban de temblarle. Sabía que no podía quedarse allí sentada esperando a que pasara una tragedia. Tenía que hacer algo, lo que fuera, para ayudar a su madre y a su esposo.

Pensó de inmediato en Velik. Como hermano de Dante, él era el único que p
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