La mensión del nombre de Iván quedó suspendido en el aire, pesado como una lápida, antes de que el choque de la revelación encendiera una chispa de pura combustión entre los dos. La mención del guardaespaldas asesinado no apaciguó a Ariadna; al contrario, actuó como el detonante de una represa que llevaba dos años acumulando fango, mentiras y omisiones.
Ariadna dio un paso hacia atrás, no por miedo a la presencia física de Dante, sino por el asco y la impotencia que le provocaba ver la solidez