La sala se quedó en silencio. Arriba, muy a lo lejos, se escuchaba el ruido de los niños jugando, pero entre ellos dos no había nada más que tensión. Ariadna se quedó mirándolo, todavía con las manos apoyadas en su pecho. Que él estuviera dispuesto a dejarla ir, a darle el divorcio y desaparecer con tal de que ella estuviera a salvo, le dolió más que cualquier otra mentira. En ese momento entendió que, a pesar de todos los secretos y el pasado tan oscuro que tenía, Dante la amaba de verdad, con