Mundo ficciónIniciar sesiónAriadna bajó lentamente la mano, despegando el teléfono de su oído. Miró el aparato como si fuera un objeto maldito. Ya no lloraba. Las lágrimas se habían secado por completo en sus mejillas, reemplazadas por una frialdad absoluta, por una decepción tan grande que le vació el alma en un segundo.
Velik se levantó del sofá de inmediato al ver la expresión en el







