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Ariadna marcó el número de Velik por segunda vez sin perder un solo segundo. Ya no le importaba que las manos le temblaran, ni que el eco de la casa le recordara lo sola que estaba. Necesitaba respuestas y las necesitaba ya. Al otro lado de la línea, la llamada apenas dio un tono completo antes de que Velik respondiera. Su voz se escuchaba alterada, ahogada por el rugido del motor de su auto que iba a toda velocidad.

—Ariadna, qué bueno que llamas de nuevo. Estaba a punto de marcarte yo mismo —
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