Al día siguiente, Tomás dejó algunos asuntos pendientes de trabajo, todo con tal de llegar temprano.Traía un ramo de rosas rojas en una mano. Y en la otra, una bolsa de papel con el logo de una tienda cara de bebés.Tocó a la puerta con suavidad.Juliana abrió. Lo miró con frialdad.—¿Qué quieres?Tomás alzó el ramo de flores.—Vengo a disculparme.Juliana no se movió del umbral.—Justo ahora Mía descansa.—Lo sé —respondió él; su concentración se posó en el osito estampado en la bolsa de bebés—. Pero necesito hablar con ella. Por favor.Juliana vio las bolsas bajo los ojos de su hermano, la manera en que se presentaba como un ratoncito asustado. Luego suspiró.—Espera aquí.Cerró la puerta.Tomás se quedó afuera. Con las rosas en la mano y la bolsa descansando sobre su brazo.Unos minutos después, Juliana volvió.—Puedes pasar —le dijo y se hizo a un lado—. Pero como vuelvas a alzarle la voz, te saco yo misma.Tomás asintió.Entró despacio. En su mente repasaba el discurso que se in
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