Después de llorar tanto que le dolió la cabeza, y de maldecir a su exesposo en cada segundo de su desvelo, Mía acompañó a Juliana a realizar los trámites correspondientes.Las personas encargadas de darle información le explicaron en qué consistía la denuncia y cada uno de los cargos.—Agredió a una persona. Además, tiene una acusación de posible daño a la propiedad.—¿Posible daño? ¿Agresión? —Juliana se inclinó sobre el mostrador—. Han pasado cosas peores. El mundo está lleno de injusticias, pero usted trata de explicarme que empujar a un tipo de traje caro es lo más horrible del estado. ¡Ese tarado también golpeó a mi hermano! Maldito sistema corrupto.—Si no baja la voz, me veré obligado a meterla a prisión un par de horas por lenguaje inapropiado hacia un servidor público.Juliana apretó los puños. Soltó una risita sarcástica, plagada de odio y resentimiento. Odiaba ese sistema horrible; detestaba lo fácil que era para alguien con algo de dinero controlar a los “servidores públic
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