49. Lugares donde esconder la verdad
Volvimos a lo del maestro como quien vuelve a un faro después de un mar demasiado oscuro. La casa tenía ese olor a madera húmeda y yerba vieja que ya era un pequeño refugio dentro del caos. El sol de la tarde entraba inclinado por las ventanas, y en ese ángulo parecía que todo lo que tocaba se volvía un poco más honesto. Ojalá fuera así.Vera estaba en la mesa larga con la computadora abierta, el pelo recogido en un rodete que había perdido la batalla hacía horas. Tenía ojeras nuevas, profundas, trazadas como si las hubiera dibujado alguien con mala fe, pero también tenía una sonrisa de victoria que le quedaba enorme. Publicó. Lo dijo sin alarde, sin dramatismo. Solo “publicó” y soltó el aire, como si hubiera estado contenida desde hacía semanas.El titular no nombraba a HLK, pero dibujaba su silueta con precisión quirúrgica: “Donaciones en cadena, apagones selectivos y un proyecto que no figura.” Dentro, flechas, cronología, audios de proveedores, nombres insinuados y otros borrados,
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