44. Pacto de agua
Nos escondimos en el único lugar donde nadie nos imaginaría: la casa del viejo maestro de física, esa construcción baja que casi se confunde con la orilla del canal grande. Vive solo desde hace años, acompañado únicamente por un telescopio que apunta a un cielo que nunca se cansa, tres termos repartidos por toda la casa y una paciencia que parece fabricada con otro material, más resistente que la del resto de nosotros. Le debíamos favores que nunca quedaron escritos pero pesaban igual. Nos abri