45. La entrevista
La periodista se llamaba Vera. Lentes redondos, uñas mordidas, esa mezcla de miedo y hambre que reconocí de mí. Quedamos en el muelle, temprano, cuando el pueblo todavía bosteza. Le dimos poco: una muestra, un nombre, la ruta de “donaciones” que terminaba en una oficina que no existe y HLK repetido como mantra.
—Necesito confirmar —dijo, seria—. Si publico sin respaldo, nos hundimos juntos.
—Confirmá —respondí—. Te doy, además, un testimonio: la explosión de la agencia no fue fuga eléctrica. Me