En el salón principal del Hotel Imperial resplandecía bajo la luz de cientos de lámparas de cristal. Los acordes de una orquesta llenaban el aire, y las copas de champaña tintineaban entre los invitados: políticos, empresarios, figuras de renombre. Todos esperaban la entrada del presidente.Cuando Leonardo Moretti apareció en el umbral, el murmullo se transformó en un aplauso unánime. Alto, elegante, con su porte impecable y la seguridad del poder impregnando cada gesto, avanzó con paso medido. A su lado, Ariana Santillán, vestida con un brillante vestido marfil, caminaba tomada de su brazo. Su belleza era delicada, sutil, y su nerviosismo, imperceptible bajo la máscara de serenidad que había aprendido a dominar.Los flashes comenzaron de inmediato.—¡Presidente! ¡Presidente Moretti una sonrisa por favor!—¡Señora Moretti mire aquí!Ariana esbozó una sonrisa sutil, apenas contenida. Sentía el peso de todas las miradas clavadas en ella. Leonardo, por su parte, la observó con una mezc
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