Damián manejaba con el corazón acelerado, los dedos apretados al volante y la mirada fija en el camino. La llamada de Jorge resonaba una y otra vez en su cabeza. —No puede ser… —murmuraba con voz quebrada—. Sara no haría algo así. Ella estaba bien, quería salir adelante con Nico…Gabriela, desde el asiento del copiloto, lo miraba preocupada. Podía ver cómo la desesperación lo dominaba. —Damián, por favor, baja la velocidad —le pidió con voz firme—. Llevamos a un niño atrás, lo estás asustando.Él respiró hondo, golpeó el volante con frustración y disminuyó la marcha. —Tienes razón… —susurró, sin apartar la vista del camino—. Pero no puedo creerlo, Gabi… no puedo.Desde el asiento trasero, Nico los observaba con los ojos grandes y curiosos, sin comprender del todo lo que estaba pasando. —¿Pasa algo con mi mamá? —preguntó con voz temblorosa.Gabriela se giró hacia él, intentando sonreír. —Tu mamá está bien, cariño. Damián solo fue a ver algo rápido, no te preocupes.Nico asintió, a
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