—Quiero que conozca la mina, —Habló Damián. Gabriela arqueó una ceja.
—¿A la mina? ¿Con un niño tan pequeño? Damián, eso puede ser peligroso.
Él levantó las manos, sonriendo.
—Tranquila. Tomaré todas las precauciones. Prometo que no le pasará nada.
Buscó uno de los cascos de seguridad y se lo colocó a Nico, ajustando la correa con cuidado.
—Listo. Ahora sí estás como un verdadero minero.
Gabriela lo observó con una mezcla de ternura y resignación. Finalmente suspiró.
—Está bien. Pero yo los