Gabriela se quedó mirando la pantalla del teléfono por varios segundos, sin poder reaccionar. Una notificación, un titular, una foto: “Compromiso oficial entre Damián De la Vega y Ángeles Salvatierra”.Sintió un nudo en el estómago, una presión que le subía por el pecho. Trató de sonreír, pero el gesto le tembló en los labios. Era absurdo… no tenía derecho a sentir nada, ¿cierto? Damián no era su pareja, no lo había sido. Pero verlo al lado de otra mujer, tan radiante, tan feliz, la hacía sentir que algo dentro de ella se rompía de nuevo.Apagó el teléfono y se obligó a respirar. —No vas a llorar, Gabriela. No otra vez —se dijo frente al espejo, como si su reflejo necesitara escucharlo.Su casa estaba en silencio, apenas iluminada por la luz del atardecer. En la habitación contigua, Francisco tosía débilmente. Seguía recuperándose del episodio de intoxicación minera. Desde que lo había sacado de la clínica, Gabriela lo cuidaba con la dedicación, pero ya se encontraba mucho mejor, y
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