—¿Y cómo te fue en la cena con Francisco? —preguntó Lucía, con ese tono curioso que siempre usaba cuando sabía que algo había salido mal.
Gabriela soltó un suspiro largo.
—Mal. Muy mal. —Apoyó los codos sobre la mesa y se tomó la cabeza—. Ni siquiera llegó, Lucía. Me dejó plantada.
Lucía abrió los ojos con sorpresa.
—¿Qué? ¡Ese hombre no tiene remedio! —dijo indignada—. Te juro que no vuelvo a ayudarlo con sus intentos de conquista. Ya es la segunda vez que te hace pasar un mal rato.
Gabriela esbozó una sonrisa amarga.
—No te preocupes, no pienso darle otra oportunidad. Creo que aprendí la lección.
Gabriela soltó una risa leve, aunque en su mirada aún había una sombra de decepción.
—Y por si fuera poco, me encontré con Adrián y su prometida —añadió, mirando al vacío.
Lucia casi escupe el café.
—¿Cómo? ¿Adrián? ¿Ya tiene prometida? Pero si apenas se divorciaron hace unas semanas.
—Eso mismo pensé. —Gabriela rió, pero su voz sonó amarga—. No puedo creer que haya pasado tantos años c