—¿Y cómo te fue en la cena con Francisco? —preguntó Lucía, con ese tono curioso que siempre usaba cuando sabía que algo había salido mal.
Gabriela soltó un suspiro largo.
—Mal. Muy mal. —Apoyó los codos sobre la mesa y se tomó la cabeza—. Ni siquiera llegó, Lucía. Me dejó plantada.
Lucía abrió los ojos con sorpresa.
—¿Qué? ¡Ese hombre no tiene remedio! —dijo indignada—. Te juro que no vuelvo a ayudarlo con sus intentos de conquista. Ya es la segunda vez que te hace pasar un mal rato.
Gabriela