El Pacto El restaurante, ahora envuelto en la penumbra de una clientela que se retiraba, se sentía como un escenario de teatro donde cada palabra era un guion perfectamente ensayado. Leyla dejó su servilleta sobre el mantel, un gesto lento y calculado, tras probar los mariscos. Sus ojos, brillando con una intensidad felina, se clavaron en Emmir.—Dime, Emmir —susurró ella, inclinándose hacia adelante—. ¿Qué puedo decirle a Azra para que se dé por vencida? ¿Qué puedo hacer yo? Tú debes tener alguna idea en mente; eres el estratega de los Seller.Emmir estaba a punto de responder cuando la vibración constante de su teléfono sobre la mesa interrumpió el ritmo de la velada. La pantalla iluminó el mantel con el nombre: EMMA. Emmir sintió un pinchazo de angustia; sabía que Emma, la hermana de Zeynep, no llamaría si no fuera una emergencia.Leyla, notando el movimiento, arqueó una ceja. —Te están llamando. Puedes contestar, no soy tan posesiva.Emmir, sin dudar, apagó la pantalla y deslizó
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