La mansión Seller, con sus techos altos y sus pasillos cargados de historia, se había vuelto una celda de aire irrespirable para Zeynep. Necesitaba huir, no de la ley, sino de la mirada de aquellos a quienes amaba. Conducir por las calles de la ciudad fue un acto reflejo; sus manos sabían el camino hacia el único refugio que le quedaba en el mundo: el apartamento de su hermana Emma.
Al llegar, Zeynep se detuvo frente a la puerta, sintiendo que el peso de los secretos le doblaba las rodillas. To