La noche de Nueva York no perdonaba la debilidad, y para Vittoria, el resplandor de sus muelles ardiendo en Queens era una bofetada que se sentía hasta en las costas de Italia. A miles de kilómetros de distancia, en una villa blindada frente al Mediterráneo, Vittoria observaba las pantallas de alta definición que transmitían el caos en tiempo real. Sus dedos, adornados con anillos de oro que habían pertenecido a hombres muertos, se clavaron en el cuero de su sillón mientras veía a Isabella Moretti y a Nick Fitzgerald moverse como sombras letales entre los escombros de su imperio.—Maldita sea tu estirpe, Isabella —susurró Vittoria, su voz era un veneno destilado en la oscuridad—. Si crees que te dejaré caminar sobre mis cenizas, no conoces el alcance de mi odio.Con un movimiento brusco, Vittoria activó el enlace satelital con sus últimos reductos en la ciudad. El "Código Sangre" fue emitido. No importaba el costo, no importaba si Manhattan se convertía en un cementerio; Isabella More
Leer más