El faro viejo de Capo Gallo parecía un esqueleto de piedra bajo la luna llena.El viento salado me azotaba el rostro mientras subía los escalones de hierro oxidado. Cada peldaño crujía como si el edificio entero estuviera respirando. Llevaba el vestido rojo corto que había elegido a propósito: tela que se pegaba al cuerpo como una segunda piel, abertura alta en la pierna izquierda para poder correr o patear si era necesario, y botas negras hasta la rodilla con tacón de acero. La katana de Killian iba cruzada a la espalda, la pistola en la cintura, y el colgante de Irina colgando entre mis pechos como un recordatorio de que la sangre siempre vuelve.No tenía miedo.Tenía hambre.Cuando llegué al último piso, él ya estaba allí.Killian Drakov, apoyado contra la barandilla rota, mirando el mar negro como si fuera su reino.Llevaba chaqueta de cuero negra abierta, camiseta gris oscura que se ajustaba a cada músculo del pecho y abdomen, pantalones negros y botas. El cabello castaño claro l
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