Capítulo 123 — El Ajuar del engañoVirginia caminaba con una determinación que rayaba en la urgencia, sus pasos resonando con fuerza sobre la acera, mientras Amanda, cargada con sombrereras y paquetes, intentaba seguirle el ritmo con el aliento entrecortado.— ¡Señorita Virginia, por favor! —exclamó la doncella, deteniéndose un instante para reacomodar una caja que amenazaba con resbalar de sus brazos—. ¿Podríamos detenernos un segundo? Mis pies claman piedad y mis brazos ya no sienten los dedos.Virginia se detuvo y giró sobre sus talones. Su mirada, habitualmente serena, tenía un brillo febril, una mezcla de ansiedad y cálculo que Amanda no lograba descifrar.— Lo siento, Amanda. Sé que vamos rápido, pero el tiempo corre en nuestra contra.— ¿En nuestra contra? —preguntó la doncella, frunciendo el ceño—. Señorita, con todo respeto, llevamos tres horas entrando y saliendo de tiendas. Hemos comprado guantes de encaje, abanicos de plumas, retazos de terciopelo… ¿Qué es lo que estamos b
Leer más