Capítulo 115 — La Fortaleza de las mentiras— El carruaje está listo, señorita —anunció el mayordomo, rompiendo el silencio del recibidor.— Gracias, Thomas. —Virginia se giró hacia su doncella—. ¿Estás lista, Amanda? Recuerda que hoy tus ojos y oídos son más importantes que tus manos.— Lo tengo claro, señorita. Mientras ustedes estén en el salón, yo buscaré el camino hacia las cocinas o el área de servicio. Alguien tiene que saber algo.Virginia asintió, satisfecha. Salieron al exterior, donde el aire frío les golpeó el rostro. El carruaje del conde, con el escudo familiar brillando en la portezuela, las esperaba. Unas calles más adelante, recogieron a Charlotte Peyton, quien subió al vehículo con una mezcla de ansiedad y esperanza que le hacía temblar ligeramente las manos.— ¿Crees que nos dejarán verla? —preguntó Charlotte apenas se acomodó en el asiento, estrujando un pañuelo entre los dedos.— No vamos a pedir permiso, Charlotte. Vamos a visitarla —respondió Virginia con firmez
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