Capítulo 122 — Mentiras piadosas y una decisión temeraria
Como cada día desde que se oficializó su compromiso, Arturo acudía a visitar a Virginia, cumpliendo con el ritual del cortejo que la sociedad esperaba, pero que ellos habían convertido en su momento de refugio personal.
Virginia no estaba sentada en el sofá con un libro, ni bordando, ni siquiera mirando por la ventana con su habitual serenidad. Estaba de pie, caminando de un lado a otro sobre la alfombra persa, sus manos entrelazadas con