Capítulo 124 — La dama de rojo y las sombras del puerto
Virginia se había puesto el vestido que había conseguido en aquella tienda de segunda mano, una prenda de terciopelo rojo oscuro, denso y pesado, cuyo color recordaba al vino derramado o a la sangre seca. El corte era escandaloso para los estándares de una debutante: el escote, profundo y audaz, dejaba al descubierto una extensión de piel que Virginia sabía, con su mentalidad moderna, cómo utilizar para distraer y provocar. No había timide