Capítulo 130 — El último acto de la viuda y el primer día del futuroVirginia Herbert y el marqués Arturo Northfolk estaban de pie, uno al lado del otro, formando un frente unido ante la mujer que se encontraba frente a ellos.Anabella Spencer, viuda del barón, vestía un traje de viaje de color gris oscuro, severo y sin adornos. Su rostro, que en otro tiempo había brillado con la arrogancia de quien se sabe hermosa y poderosa, lucía ahora una palidez marmórea. No había rastro de las joyas que solía ostentar, ni de la sonrisa calculadora que había sido su arma más letal. Sin embargo, su postura seguía siendo erguida. Anabella había perdido su fortuna, su posición y su reputación, pero se negaba a perder su orgullo. Ese era el único equipaje que se llevaba intacto.— No he venido a pedir clemencia —dijo Anabella, rompiendo el silencio con una voz que, aunque carente de su antigua altivez, mantenía una firmeza cristalina—. Ni tampoco a fingir un arrepentimiento que, si soy honesta, no si
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