Capítulo 121 — El peso del silencio y la ley de los hombres
El refugio del tocador de damas, con sus paredes enteladas en seda rosa y su aroma a lavanda y polvos de talco, se sentía asfixiante para Virginia. Se quedó allí mucho más tiempo del necesario, fingiendo arreglar un mechón rebelde frente al espejo, mientras su mente trabajaba a una velocidad vertiginosa.
Sus manos, apoyadas en el mármol frío de la consola, aún temblaban ligeramente. La confesión de Anabella Spencer retumbaba en sus oíd