Capítulo 123 — El Ajuar del engaño
Virginia caminaba con una determinación que rayaba en la urgencia, sus pasos resonando con fuerza sobre la acera, mientras Amanda, cargada con sombrereras y paquetes, intentaba seguirle el ritmo con el aliento entrecortado.
— ¡Señorita Virginia, por favor! —exclamó la doncella, deteniéndose un instante para reacomodar una caja que amenazaba con resbalar de sus brazos—. ¿Podríamos detenernos un segundo? Mis pies claman piedad y mis brazos ya no sienten los dedo