Capítulo 120 — El infierno tiene nombre de juego
Esta vez, la entrada de las tres jóvenes damas no fue bajo la tutela del conde de Derby, sino bajo el ala protectora y formidable de la duquesa de Ashbourne. La madre de Arturo, una mujer de porte regio y mirada que no admitía insolencias, había decidido tomar bajo su cuidado a Virginia Herbert, Charlotte Peyton y a su propia hija, Sofía, para esa velada.
Bajaron del carruaje como una visión de elegancia. Virginia vestía su traje blanco invernal,