148. El Silencio de los Hombres Rotos
El silencio tiene peso. Es una lección que aprendí durante mi divorcio con Max, pero que el embarazo parece haberme hecho olvidar. Ahora, con las hormonas reescribiendo mi química cerebral, el silencio no solo pesa; aplasta.Llevo cinco días mirando mi teléfono como si fuera un artefacto explosivo que no sé desactivar. Cinco días desde que Diego y Amalia estuvieron aquí, en este mismo salón, interpretando esa obra de teatro grotesca de la "pareja feliz".Cinco días sin saber de mi hermano.—Deja de mirarlo, Lorena —dice Max. No levanta la vista de su tablet, donde revisa los índices bursátiles de Asia, pero su mano busca la mía sobre el mantel del desayuno—. No va a sonar más rápido porque lo mires con esa intensidad.—Es que no es normal, Max. —Empujo mi tazón de avena, incapaz de tragar—. Diego nunca desaparece así. Incluso cuando está furioso conmigo, me manda un meme, un mensaje sarcástico, algo.—Está trabajando. —Max intenta sonar racional, la voz de la lógica en mi tormenta emoc
Leer más