155. La Vida y la Muerte
MAXEl llanto es lo primero que rompe la tensión del quirófano. No es un llanto fuerte, es un maullido agudo, pequeño, pero para mí suena como la novena sinfonía.—Es una niña sana—anuncia la doctora, levantando un bulto diminuto cubierto de vernix y sangre—. Bienvenida al mundo, pequeña luchadora.Miro a Lorena. Está pálida, con los ojos vidriosos por la medicación y el agotamiento. Apenas puede levantar la cabeza. —¿Llora? —susurra.—Llora, mi amor. Está viva. Está aquí. —Le beso la frente, que está perlada de sudor frío.Las enfermeras se llevan a la bebé rápidamente. Es prematura. Treinta y cinco semanas. Necesita ayuda, calor, monitores. No hay tiempo para el "piel con piel", no hay tiempo para la foto perfecta de I*******m. Pero respira.El monitor cardíaco de Lorena, sin embargo, sigue pitando con una frecuencia que me pone los nervios de punta. Su presión no baja.—Max... —Lorena me aprieta la mano, débilmente—. Diego... ¿llamaste a Camila?—Sí —digo acariciando su pelo—. Ya lo
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