147. El Peso de la Mentira
La tensión en mi salón es tan densa que casi se puede masticar. Es una masa invisible y pegajosa que se adhiere a las paredes, a los muebles y a la piel.
Diego y Amalia han venido a traernos un regalo para el bebé. Es un gesto bonito sobre el papel: la pareja feliz visitando a los futuros padres. Pero la realidad es un teatro mal ensayado que me está provocando acidez.
—Es algodón orgánico —dice Amalia, sacando un conjunto diminuto de una caja envuelta con un lazo excesivo—. Lo pedí a una boutiq