148. El Silencio de los Hombres Rotos
El silencio tiene peso. Es una lección que aprendí durante mi divorcio con Max, pero que el embarazo parece haberme hecho olvidar. Ahora, con las hormonas reescribiendo mi química cerebral, el silencio no solo pesa; aplasta.
Llevo cinco días mirando mi teléfono como si fuera un artefacto explosivo que no sé desactivar. Cinco días desde que Diego y Amalia estuvieron aquí, en este mismo salón, interpretando esa obra de teatro grotesca de la "pareja feliz".
Cinco días sin saber de mi hermano.
—Deja