Noah fue a verla cuando el sol apenas comenzaba a filtrarse por las rendijas de piedra.No avisó.No golpeó.Abrió la puerta con la costumbre de quien manda.La encontró sentada en el borde de la cama, con el cabello suelto y revuelto, como si acabara de incorporarse. Los ojos brillosos, aún atrapados entre el sueño y la vigilia. El vestido holgado caía de forma descuidada sobre su cuerpo y, por un segundo, tuvo la absurda impresión de que ella no pertenecía a ese lugar. Que era algo demasiado blando, demasiado perfecta para esas paredes.Leah alzó la vista. Se movió un poco y eso hizo que su vestido se abriera apenas, dejando ver la línea de sus pechos.Se dio cuenta, pero no se sobresaltó.Eso lo descolocó.No había miedo en su expresión. Solo sorpresa. Y una calma extraña, tibia, como si lo hubiera estado esperando sin saberlo.Noah avanzó un paso.Luego otro.Antes de que ella pudiera decir algo, le tomó la mano.El contacto fue un error inmediato. Un jodido error que cometería mi
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