El convoy de seguridad de KORALVEGA, una serpiente de acero negro y luces estroboscópicas azules y rojas, rompió el tráfico denso de la tarde en Polanco para detenerse con una precisión militar milimétrica frente a la entrada principal de la Torre Corporativa.Los escoltas, con sus trajes oscuros y auriculares en espiral, descendieron de los vehículos de apoyo antes de que las ruedas de la camioneta principal dejaran de girar por completo, formando un perímetro de seguridad instantáneo y agresivo. Alina, sentada en la penumbra climatizada de la Suburban principal, respiró hondo. El aire acondicionado del vehículo olía a cuero tratado y a poder, un aroma que solía reconfortarla como un abrazo familiar, pero que hoy, con su piel sensibilizada y su mente revolucionada, le resultaba asfixiante.Bajo su vestido de diseñador, la ropa interior de algodón barato era un secreto áspero y honesto que le recordaba a cada segundo quién era realmente ahora: una mujer en transición, una espía en su
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