Cuando la puerta de caoba maciza se cerró tras la salida humillada de Igor y la retirada táctica de Sergei, la oficina del piso 50 de la Torre KORALVEGA quedó sumida en un silencio denso, casi litúrgico. Era el tipo de silencio que sigue a un terremoto, cuando el polvo aún flota en el aire y los supervivientes evalúan si los cimientos resistieron o si el edificio está a punto de colapsar.
Viktor Korályov permaneció de pie junto al bar vacío, mirando el espacio desolado donde antes reinaban sus b