CAPÍTULO 247 — El día que la vida se iluminó (Punto de vista de Ayden Castell) Entrar a la oficina aquella mañana se sentía distinto. Yo mismo me sentía distinto. Como si cada paso tuviera otro peso, otro sonido. Era temprano, pero mi corazón ya había vivido una eternidad desde que había salido el sol. Milagros caminaba a mi lado, despacio, como si cada uno de sus movimientos fuera sagrado. La llevaba de la mano y con la otra le sostenía la cintura, atento a cada gesto. Me sentía invencible. —Sentate, mi amor —le dije apenas cruzamos la puerta del despacho—. Nada de caminar demasiado. Quiero que descanses. Tenemos que hacerle caso a la doctora. Ella sonrió, divertida. —Ayden… estoy embarazada, no enferma. —Estás embarazada de dos bebés, Milagros —corregí—. Y hasta que esos bebés no estén bien agarrados… acá los mando yo. Levantó una ceja, pero obedeció. Le acomodé la silla, le puse un almohadón en la espalda y respiré hondo. Había una sensación nueva dentro de mí. La de un hom
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