CAPÍTULO — EL ANILLO QUE SE PERDIÓ… Y LA VIDA QUE LLEGÓ
(Continuación)
Se sentaron a cenar, intentando disfrutar lo que habían preparado, entre risas suaves y miradas nerviosas que traicionaban todo lo que ninguno de los dos se animaba a decir en voz alta. Milagros apenas probaba la comida; Ayden hablaba más de lo habitual, como si el sonido de su voz pudiera espantar la ansiedad que flotaba en cada rincón del departamento.
De pronto, el timbre sonó.
Mía se levantó enseguida, y al regres