CAPÍTULO — DONDE EL MIEDO APRENDE A LLAMARSE AMOR
Milagros llegó al departamento de Ayden más tarde de lo habitual, con el cansancio colgado del cuerpo como un abrigo invisible que no podía sacarse ni siquiera al cerrar la puerta tras de sí. Había pasado la tarde con Mía y Zoé, intentando convencerse de que estaba bien, de que el mundo seguía igual que siempre, de que una comida compartida, una película y risas podían sostener un alma… pero esa noche no funcionó. Algo le latía raro adentro desd