Capítulo 232— Cuando El Amor También Es Guerra Esa noche no fueron al apartamento de Ayden. Fueron al de Milagros. No hubo despedidas largas ni palabras innecesarias. Solo llegaron juntos, en silencio, como si el cuerpo ya supiera lo que el corazón había decidido antes. Ayden no soltó la mano de Milagros ni en el ascensor ni cuando ella abrió la puerta de su casa. Entraron como entran dos personas que ya no están probando nada: solo buscando paz. Milagros dejó las llaves sobre la mesa y, cuando se giró, lo encontró mirándola de una manera distinta. Era miedo. Un miedo hondo, adulto, silencioso. De ese que no grita… pero pesa. —No puedo vivir sin vos, Mili —dijo al final, con la voz quebrada y sin dramatismo, como quien no busca convencer, sino decir una verdad—. Sos el aire que necesito para respirar. Ella sonrió, llevándole los dedos al rostro con la ternura de quien no se burla, pero tampoco se deja desarmar del todo. —No seas exagerado… Él negó lentamente, mirándola. Y es
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