246— NOCHES QUE NO TERMINAN.
SE CONVIERTEN EN DESTINO.
CAPITULO—NOCHES QUE NO TERMINAN.SE CONVIERTEN EN DESTINO.**
(Punto de vista de Ayden)
Milagros todavía tenía el pulso acelerado. Yo la miraba como si quisiera memorizarle cada gesto, cada pestañeo, cada respiración que compartíamos en esa habitación que ahora olía a futuro.
Me acerqué despacio, con el miedo tonto de romper algo sagrado que había nacido entre nosotros esa noche.
—Vení —susurré, casi en un ruego.
Nos acostamos despacio, como quien se recuesta en un instante que quiere guardar