Mundo ficciónIniciar sesión-Esa noche me encontraba lejos, en el mar. Con la brisa del anochecer, azotando mi cuerpo, como si se tratase de siete mil cuchillos a la vez. Nunca me había sentido tan mal.
Ni siquiera con la muerte de mis padres, hace ya quince años; en esa época solo tenía catorce años. Por más que el mundo se caía a mis pies, me obligué a no llorar. En ese año saqué las calificaciones más alta de mi vida. Quizá porque pasaba todo el día metido en los libros, a lo mejor porque quería honrarlos de algún modo, no lo sé; lo cierto es que no he tenido tiempo para eso. En realidad es que nunca tuve tiempo para detenerme a pensar en ello. El viento arreció y se volvió más frío. Encorvé los hombros mientras me frotaba las manos. -Qué carajo… -murmuré La vida es un juego de azar. -¿Cómo te sientes? La voz de Javi Pal, mi amigo de toda la vida, me sacó de mis pensamientos. -Bien -respondí sin más. -¿Seguro? -Si, claro... -dije, tomando un sorbo de mi copa de vino. Javi, cruzó los brazos y me observo con esa mirada suya, esperando que su hijo finalmente diga la verdad. Vaya… pensé. Este tipo me conoce más que nadie. -¿Qué hay del nieto? -Murmuro, llenando su copa de vino. -Supongo que llegará, en algún momento. -¿En algún momento? Eso significa que… -¡Basta! -lo Interrumpí-.No puedo complacer al abuelo en todo. Javi se pasó aire a su pulmones, tomó un sorbo de su copa y continuó. -Tu problema es que no haz podido olvidar a la señorita Maples. ¿Me equivoco? Fruncí el entrecejo en busca de una respuesta coherente, pero no se me ocurría nada. Ni siquiera tenía claro lo que sentía. Miré hacia el horizonte. -Te equivocaste, Javi. Ella es parte del pasado. -¿Pasado? -Eso espero, amigo. Porque es cierto, que nací de noche, ¡pero no anoche! Mira que han pasado cinco largos años. Continuó hablando como perico en jaula. En mi defensa, lo fulminé con la mirada, irritado. -Está bien, está bien -murmuró él, levantando las manos en señal de rendición-. Si tú lo dices. Lo miré a través de la copa, sin añadir ni media palabra. Ambos guardamos silencio. La noche estaba calma, el cielo estaba estrellado. El mar parecía inofensivo. Otra ráfaga de viento nos azotó, traspasando mi delegada camisa. Lamenté lo fina que era mi camisa blanca. Javi, con las manos en el bolsillo, deambulaba nervioso. Su flacucho cuerpo parecía tambalearse con el viento. Por un instante me burlé de su minúscula figura. -Un poco de comida y vitaminas… le asentaría bien. Arqueando la cejas, como una zorra y metiendo las manos en su desgastados pantalones. -Replicó… Sabes, este asunto de tu boda no me lo esperaba. No hubo tiempo de organizarte una despedida de soltero. -Me siento mal, ¡lo prometo! Yo recordé una vieja regla que nos enseñaron en la escuela: El orden de los factores no altera el producto Javi suspiró. -Invité a unas amigas… ya sabes. Somos jóvenes. La copa que tenía en mi mano, se estrelló contra el suelo. Reconozco que actúe como un desquiciado. Me levanté de golpe, poniendo en marcha la embarcación. En este momento de mi vida, lo menos que necesitaba era “amigas”. The seagull, partió las aguas con violencia. -¿Qué te pasa? ¡Estás loco! -gritó Javi ¡Nos vamos a matar! Sus palabras me resbalaban. No me detuve, no, hasta que nos encontrábamos, lo suficientemente alejados. Poniendo tierra de por medio a cualquier celebración. Apagué el motor, dejando a flote The Seagull. Me dirigí hacia Javi. Lo tomé del cuello de la camisa. -Sabes de sobra no me gusta tú osadía en traer mujeres sin mi consentimiento. Javi abrió los ojos, como platos. Apunto de esbozar algún sonido. Un ruido se produjo en el interior de la embarcación. -¿Qué fue eso? Me di la media vuelta. -Tu barco es rápido, Javi. Una rubia, con acento ucraniano, apareció sonriendo. Abalanzándose a los brazos de “súper Javi”. Seguida de tres jovenes de unos veintidós años. No me quedó de otra que sonreír. ¿Qué más podría hacer? Las chicas estaban vestida en traje de baño, muy atrevido para mi gusto…. No logro concebir que una joven deba mostrar más de la cuenta para atraer a un hombre. Sin ánimos para celebrar, me aleje del grupito, encaminándome a la popa. O quizá podría pescar… o con un poco de suerte me podrían pescar a mí. Un tiburón blanco, un león marino, una orca, una ballena. Da igual, cualquier mamífero que hiciera el trabajo. Aunque un baño me vendría bastante bien. Así que me desabroche la camisa para tirarla al piso. -Hola… Una voz femenina, a mi espalda, sacándome de mis negros pensamientos. Antes que pudiese contestar. -¿Cómo estás? -Añadió rápidamente. -Bien. -¿Me invitas una copa? -Claro Serví dos copas para no ser tan grosero. Salud -dijo ella con su labios rojos. -Salud. Las copas chocaron. Bebimos mirándonos a los ojos. Con esa ya iba por la segunda botella. Tenía mil millones de motivos para tomar desenfrenadamente. La chica me arrebató la copa, llenándola hasta el tope. -Está va por ti -dijo. Acercándose un poco más de la cuenta. Me pareció un poco, atrevida. Me limite a sonreír y ha pasarme el guaro como agua. Para cuando termine, la chica se había quitado el sostén. Evidentemente, su misión era clara. “Despedida de soltero”, según Javi. La chica era simpática, pero no me llamaba la atención, en lo más mínimo. Además… era un hombre casado. Aunque fuera una desconocida… pero supongo que le debía respeto. Al menos, hasta que se concretará el divorcio. La chica se me abalanzó, llenando mi preciosa camisa blanca de labial. ¡Rayos! -Pensé-. Creo que tendré problemas. En realidad, esto me podría costar el cargo de la empresa. La tome de los hombros y la miré directamente a los ojos. -Escucha… no te conozco, ni me conoces. Yo no acostumbro acostarme con desconocidas. Solo quiero que me dejes en paz, ¿de acuerdo? No terminé la frase. Cuando ya me había recetado una bofetada.






