Durante todo el trayecto hacia la empresa, Semir me ignoró por completo. Como si hubiera olvidado la forma en que me sostenía contra su pecho esa mañana o la manera en que me miraba la noche anterior.
Ni siquiera volteó a verme. Al llegar, simplemente le indicó a Lewin que lo llevara a The Seagull.
Bajé del auto con una mezcla de sensaciones difíciles de describir.
—Buenos días —saludé a un par de señores que se encontraban en la sala de estar.
Respondieron a regañadientes, repasándome de pies