Capítulo: Sombras del Ayer, Luces del Mañana
Entrar en la casa, a la que finalmente puedo llamar hogar, se sintió como una victoria silenciosa. Observé a Valeria sentándose en el sofá con Mía en brazos; se veía exhausta, pero había una serenidad en su rostro que me daba paz. Yo sostenía a Thiago, quien dormía profundamente, ajeno al peso del mundo. No podía creer que durante años me negué a tener esta vida. Siempre pensé que el destino me había cerrado esa puerta para siempre, y el recuerdo de p